Hay que dejar de ser excluyentes: se pueden sumar científicos y CEO’s

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Nota de opinión del diputado nacional Fabio Quetglas en La Nación

Tal vez como nunca antes, la opinión pública sigue las noticias del mundo científico y la industria farmacéutica con la esperanza de que en algunos meses la humanidad disponga una vacuna efectiva, para despejar la amenaza que el coronavirus ha instalado.

Soy optimista. El talento humano se impondrá a este desafío. Creo que pronto, esta larga cuarentena será material para guionistas, y objeto de reflexión para todas las disciplinas académicas.

La confianza que alimenta mi optimismo no es vacua; la humanidad ha desarrollado una capacidad de respuesta deslumbrante y a pesar de la competencia librada por los laboratorios e industrias, también en estos meses la información da cuenta de muy significativos hechos de responsabilidad, información compartida y cooperación.

Cuando los controles públicos confirmen la capacidad de respuesta de una vacuna, y nos den las garantías legales para su uso, empezará otra odisea: producir en cantidad y calidad miles de millones de dosis y hacerla llegar con los cuidados que correspondan a los rincones más recónditos del planeta, para adquirir una inmunidad que nos permita superar las actuales restricciones.

A diferencia de las falsas dicotomías a que somos tan afectos, al final del camino, necesitaremos no solo del saber científico, sino de un sector público calificado en los controles, y de empresas que produzcan y gestionen volúmenes inmensos de información, recursos y capacidades de todo tipo (desde centros de producción, hasta lugares de almacenamiento, desde flujos financieros hasta cuidados logísticos) para producir el resultado esperado: la tranquilidad de saber que podemos recuperar el margen de decisión sobre nuestras acciones, sin poner en riesgo a terceros.

Nota completa en La Nación

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