Prevención del cáncer de piel

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En la ya mítica década de los 60’, juntos con otras rupturas que nos marcaron como sociedad, se popularizo en los sectores medios urbanos de Occidente el “bronceado” y para obtener un color de piel distinto; millones de personas se han expuesto al sol sin precaución alguna. A los pocos años, los sistemas sanitarios con mejor registro estadístico y pautas de seguimiento – el británico por ejemplo- ya advertían sobre el exponencial aumento de cáncer de piel, sobre todo en personas jóvenes. Sin embargo, paso bastante tiempo hasta que las respuestas públicas empezaran a ser más categóricas. Las primeras campañas de cuidado se centraban en evitar ciertos horarios y mantener la humectación de la piel. Medidas necesarias, pero sin duda insuficientes.

En la década del 80´ a los problemas heredados se le sumó el no menos promocionado angostamiento de la “capa de ozono” y la verificación que el tipo de rayos solares a los que nos exponemos no son idénticos en su composición a los del pasado, siendo más dañinos para nuestra piel. La respuesta a tales agresiones potenciales fue el desarrollo por parte de la industria farmacéutica de las “pantallas o protectores solares”, que facilitan la exposición cuidada al sol con menores riesgos. La cuestión es central, ya que la exposición razonable al sol y a la vitamina D que nos provee es necesaria y hasta indispensables para un sinnúmero de funciones vitales.

Nota de opinión de Claudia Najul y Fabio Quetglas en Perfil

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