Hacia un modelo de gobernanza de los datos públicos

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Marzo es el inicio oficial del año en el Congreso. Si bien hubo sesiones extraordinarias durante el verano, en realidad solo una sesión tardía en el caso de Diputados, recientemente presenciamos la ceremonia de apertura del 139° periodo de Sesiones Ordinarias del poder legislativo. Como el protocolo y la salud democrática indican, el Presidente, además de presentar el estado de situación de la Nación, expone sobre las metas y acciones para el año que se inicia a través del ritual de apertura.

A diferencia del año pasado, cuando presenciamos un discurso con metas y objetivos y un lenguaje de consenso y concordia, con referencias a líderes históricos que iban de Sarmiento y Perón a Alfonsín, este año el protagonismo fue una defensa del pasado inmediato. Si bien en sus palabras hubo un espacio a la autocrítica cuando señaló que “ningún gobierno de la tierra se puede arrogar el privilegio de no cometer errores”, este fue el punto elegido para pasar al ataque. Mientras que las disculpas respecto a la vacunación VIP estuvieron ausentes en todo el discurso, la defensa del gobierno y el tono electoralista dominaron la presentación.

Complementariamente al tono defensivo, hizo referencia al gran despliegue de medidas tomadas para paliar el impacto económico y social de la crisis y contener la situación sanitaria que el COVID desató. Al igual que en todo el globo, las gestiones gubernamentales estuvieron orientadas a la pandemia. Sin embargo, algunas naciones aprovecharon para desarrollar herramientas que les permitieran mejores diagnósticos, mejor planificación, un seguimiento en tiempo real de la ejecución de los planes y, como resultado final, un modelo de gestión coherente, integrado y eficiente.

Nota de opinión de Dolores Martínez en Infobae

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