Cerrar la exportación de maíz es generar más pobreza

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El cierre del registro de exportaciones de maíz es un golpe debajo de la línea de flotación de una actividad generadora de divisas. Desde 2016, cuando se implementaron políticas para promover la siembra de maíz, el área de siembra aumentó un 56 % (de 6 millones de hectáreas a 9,4 millones). La producción se incrementó un 70 %, la transformación de maíz en proteína animal el 52 %, la industrialización subió 55 %, y se duplicaron las exportaciones. Se generó un círculo virtuoso, y sin descuidar el mercado interno.

Si el gobierno nacional no hubiera decidido cerrarse al mundo, en esta campaña podríamos exportar 10 mil millones de dólares de maíz, generando divisas y empleo en más de 20 provincias argentinas.

Cerrar las exportaciones va a producir el efecto contrario al buscado. Caerá la inversión, aumentará la desconfianza de los productores y se desplomará la producción. Los únicos favorecidos por esta medida serán los otros países que producen maíz y que compiten con nosotros. Ellos ya están celebrando y esperan ocupar el espacio vacío que la Argentina dejará en el mercado internacional.

La cadena de maíz en argentina es una compleja máquina de crear riqueza, empleo y divisas. Cerrar la exportación de maíz es simplemente romper ese mecanismo e insistir en caminos que crean cada día más pobreza.

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