Federico Zamarbide- Nota de opinión en MDZ- Reelecciones indefinidas, culto al líder y otros vicios del populismo

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Mendoza tuvo siempre la fama de ser la Provincia con más desarrollo institucional de la Argentina. Fue siempre una isla republicana, rodeada incluso por feudos familiares como San Luis. Esa sanidad en nuestra cultura política llevó a que se discutiera, y mucho, la reelección del cargo de Gobernador de la Provincia. La política no escapa a las reglas generales de la vida, en la que los extremos siempre son malos. Prohibir la reelección del primer mandatario provincial impide que se pueda reconocer a un dirigente una buena gestión, con el agravante de que el período de 4 años es muchas veces insuficiente para establecer políticas de desarrollo de largo plazo.

 

Si algo hemos aprendido los argentinos en estos años de democracia, es a descreer de las soluciones mágicas y de los agoreros de campaña. El Desarrollo (institucional, económico y humano) no se logra de la noche a la mañana ni será producto de eslóganes electorales. Los que provenimos de sectores vinculados a la economía regional lo tenemos muy claro: si los problemas fuesen tan fáciles de solucionar, no los estaríamos discutiendo 4 décadas. Todos tienen claro qué hacer, pero cuando se pregunta por el cómo las cosas se complican. La Planificación en el largo plazo (y la paciencia que ello implica) es una condición sine qua non para el Desarrollo.

La adenda a la Constitución Provincial incorporada por Alfredo Cornejo respetando la voluntad popular expresada en el referéndum del 2.009, implica consolidar el desarrollo institucional de Mendoza. Sin contar, además, que es una decisión democrática toda vez que respeta la opinión del pueblo de Mendoza, el cual demostró su madurez republicana expresando su rechazo a los liderazgos feudales en los Departamentos.

Recordemos brevemente los hechos: el “SI” obtuvo en la consulta del 28 de Junio de 2.009 el 83% de los votos válidos emitidos; y el Decreto N° 2.010 incorporó la adenda a nuestra Constitución. Esta incorporación fue solicitada por distintas fuerzas políticas a los Gobiernos de Jaque y Pérez, sin embargo, prefirieron mantener el status quo.

Coexistía en nuestra Provincia un absurdo hasta el momento: un Intendente podía ser reelecto diez veces, un Gobernador ninguna. Limitar las reelecciones a un solo período es una barrera sana para evitar confundir buenas gestiones con abuso de posiciones dominantes. Y esto debe regir para todos los cargos públicos electivos: concejales, Intendentes, Legisladores Provinciales y Nacionales, y Gobernador y Vice.

Uno de los principios republicanos es la periodicidad y alternancia en los cargos públicos. Y esto tiene un sentido muy práctico: se renuevan ganas, equipos y culturas de trabajo; pero sobre todo se impiden algunos viejos vicios de la política argentina. Ahora bien, ¿por qué se debería limitar el ánimo reeleccionista de alguien que, en teoría, cuenta con apoyo de parte de la ciudadanía? Porque los largos períodos en la misma función pública favorecen la construcción de estructuras estatales para ejercer dominios feudales. Tenemos muchos ejemplos en nuestro país de Intendentes que ejercen un control para nada disimulable de los medios de comunicación; hacen cajas con fondos del estado para fines electorales, y terminan confundiendo al estado con su empresa personal o familiar. A veces esta confusión llega a ser inconsciente. En el tiempo que llevo en política he tratado con Ministros, Secretarios e Intendentes que han dicho, por ejemplo, “le puse tanto dinero al evento X” o el clásico “yo banco esta Institución”. No señor/a, Usted no puso ni banca nada, en todo caso lo ponen los contribuyentes, su parte es decidir el destino de los fondos, preferentemente con sentido de responsabilidad, pertinencia y oportunidad.

Lamentablemente, esperábamos en Mendoza una señal del peronismo que no tuvimos. Los Intendentes del PJ realizaron una presentación judicial para poder ser reelectos una vez más. La primera pregunta que surge desde la lógica más pura es porqué se opusieron a la posibilidad de que el gobernador sea reelecto una sola vez, pero quieren reelecciones indefinidas para ellos. La segunda es qué lleva a alguien a querer estar dos décadas a cargo de un municipio, con el sacrificio personal que esto implica. Seguramente, la confusión del Estado Municipal con una empresa familiar explica parte de este deseo de perpetuidad.

Quiero creer que el peronismo de Mendoza es un poco menos autoritario y golpista que sus primos de otras provincias; quiero creer que son más inteligentes que los primates que van a gritar al recinto del Congreso en la apertura de sesiones ordinarias. Nadie le niega representatividad al PJ, y es una parte muy importante de las instituciones políticas de la Argentina. Por eso es fundamental que apoyen estas reformas que, en definitiva, lo que buscan es mejorar la calidad de nuestra democracia y nuestra República, y terminan achicando la grieta que hay entre política y sociedad.

Como uno de los requisitos imprescindibles para el Desarrollo Humano es la consolidación de Instituciones sanas y fuertes, apoyar estas reformas terminará beneficiando al PJ también. Y, sobre todo, acercará la política un poco más a la sociedad. Si todos los partidos políticos colaboran, lograremos otra vez que Mendoza sea reconocida por la calidad de sus Instituciones, demostrando que los consensos básicos son posibles, y sentando la base para los acuerdos programáticos que requieren las políticas de Estado.

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