Cerrar las exportaciones cárnicas es volver al modelo que fracasó entre 2006 y 2015

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El viernes 9 de abril la Secretaria de Comercio Interior de la Nación, Paula Español, declaró que “no le temblaría el pulso en cerrar las exportaciones de carne…”, desconociendo la dura realidad que vivió la sociedad argentina en el año 2020, en el cual se perdieron 4 millones de puestos de trabajo y 44 millones de argentinos sufrieron los efectos de la inflación. La caída del poder adquisitivo implicó una reconfiguración de la dieta alimentaria, relegando la carne vacuna y elevando significativamente el consumo de carne aviar y huevos, que hoy combinados son la principal fuente de proteína animal de la dieta de los argentinos.

Cuando desde el Gobierno nacional se realizan este tipo de amenazas se afecta la credibilidad exterior del país y nuestra confiabilidad como proveedores de alimentos. Pareciera que los funcionarios nacionales no tienen en cuenta quiénes serían los perjudicados reales. La industria cárnica argentina emplea a más 77 mil trabajadores registrados y el sistema de agronegocios de la carne que va desde los agricultores que producen el maíz hasta los transportistas de hacienda en pie. Hay más de 131 mil productores ganaderos que en 2020 y lo que va de 2021 pudieron mantener la producción y el empleo gracias a las exportaciones.

Cerrar las exportaciones cárnicas es cortar el círculo de crecimiento. La Argentina tiene que aprender de su experiencia. Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne en 2006 y durante nueve años se hizo todo tipo de experimentos para regular la oferta externa de quizás el producto más emblemático de los argentinos: la carne. Entre 2007 y 2015 las exportaciones cayeron de 771 mil toneladas a 151 mil, se cerraron 150 frigoríficos y se perdieron en la industria 15 mil puestos de trabajo; 12 mil ganaderos se retiraron de la actividad y el rodeo nacional cayó 16,8 millones entre 2007 y 2011. A quince años de ese error aún no se llegó al stock de 61 millones de cabezas que teníamos antes de 2006.

Las exportaciones cárnicas crecen en volumen, montos y destinos desde 2016 en un círculo virtuoso que genera empleo y divisas para todo el país. El año pasado aportaron a las arcas del Banco Central más de 2.700 millones de dólares con un récord de 900 mil toneladas. Junto con otras exportaciones no solo permiten al país importar insumos industriales, también vacunas, kits de testeo y todo lo necesario para atravesar la pandemia.

No volvamos al pasado, no cometamos los mismos errores. Cerrar las exportaciones de carne es perjudicar el trabajo y la economía de todos los argentinos.

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