“Luego de un año de debates como se ha mencionado en esta Cámara, finalmente hoy vamos a avanzar con una de las reformas, en materia de justicia, que este congreso le debe a los argentinos desde hace por lo menos 30 años. Recordemos que la ley vigente, llamado régimen penal de la minoridad data de 1980, y fue nuestra CN, la que luego de ser reformada en 1994, la que nos impuso la necesidad de actualizarlo, para que se ajuste a los principios actuales del derecho y a los compromisos internacionales asumidos por la Argentina.
Pero esa manda constitucional, no alcanzó. Porque aún, cuando se trabajo la modificación del propio CCyC que trajo más autonomía y responsabilidad para los adolescentes, seguimos haciendo oídos sordos. Hoy la política deja de lado su comodidad, sus especulaciones electorales, su casete ideológico y pones los pies sobre la tierra para enfrentar la cruda realidad. Hoy esta cámara, intentará aprobar un instrumento más, que viene a desarmar décadas de doctrina garantista que solo nos han dejado marcas en los procesos judiciales en todo el país. A tal punto que los argentinos, cuando veían la detención de un delicuente lejos de pensar que iban a escuchar la condena de ese delincuente, inmediatamente rezaban que no se tratara de una “puerta giratoria” más (Puerta giratoria que por cierto, logramos detener con la Ley de Reiterancia y Reincidencia que aprobó este Congreso, que tuvo como referencia la política de seguridad que se lleva adelante en Mendoza desde 2016). Pero esas conclusiones, no era casuales.
Los mismos que se plantan hoy en este debate, argumentando que el castigo no resuelve las carencias sociales, que las sanciones sólo estigmatizan, son los mismos que vienen defendiendo ese garantismo que tira por la ventana a las víctimas y que durante mucho tiempo nos vendieron que la inseguridad era una sensación. Y que nos han traído hasta aquí…. A vivir en una sociedad atravesada por el miedo y la frustración, resignada en muchos a que la justicia solo llega tarde y para algunos.
Bueno hoy volvemos a trabajar en otra herramienta más, que suma para combatir el flagelo de la inseguridad, una de las máximas preocupaciones de los argentinos una herramienta más para terminar con la impunidad que solo nos trajo exclusión. Pero no somos ingenuos, sabemos que no es una solución mágica. Pero tampoco somos hipócritas. Como lo fueron Néstor Kirchner y Cristina Kirchner (q por un lado le decía a los argentinos, si si te voy a bajar la edad para que pague por los delitos, teniendo mayorías para sacar leyes y por el otro, en los pasillos de los juzgados avalaban los procesos garantistas de su partido, “justicia legítima”).
Repito, no somos hipócritas. Trabajar por un régimen penal para los adolescentes, que baja la edad de imputabilidad a los 14 años en la legislación argentina viene a reconocer, algo que la sociedad, se cae de maduro: y es que los jovenes de hoy, no son los mismos que los jovenes de ayer. Hoy ya, se reconoce que en los jóvenes existe una capacidad progresiva de comprender el daño causado.
Negar toda forma de responsabilidad en un daño causado, es impunidad y es un brutal abandono: (del propio adolescente y de las víctimas, y abandono de la sociedad). Es peor que una posición ideologica, porque es una negación de la realidad. Es ir de frente contra los derechos de los menores, es sustituir políticas sociales, es reemplazar calle por escuela. Es ser cómplices de los delincuentes mayores siguen usando; por uno pesos, a los jóvenes para cometer actos que a ellos lo llevarían directo a la cárcel; y responsables, de cuando vemos adolescentes, arquitectos del delito, por no haber actuado a tiempo en el primer error, apartándolos de esa fuente de conflicto.
Por el contrario, actualizar la norma, creando un sistema procesal acorde a nuestros tiempos, que tenga precisión jurídica, que esté centrado en la reinserción con un abordaje integral (educativo, sanitario, social y cultural), donde el menor tenga un defensor, sea tratado como sujeto de derecho (y no como es ahora, un objeto de tutela), y que les devuelva a las víctimas su lugar para obtener justicia, es un gran paso en la construcción de una sociedad mas justa
y aca quiero detenerme un momento.
Es inimaginable el dolor que atraviesa a una familia ante la pérdida de un ser querido en manos de un delincuente. Y No creo que ese dolor sea distinto o varíe según la edad que tenga la persona que lo cometió. Hablar de un régimen penal juvenil sin hablar del derecho de las víctimas a obtener justicia, sin una sanción penal, es incompleto. Debemos legislar la responsabilidad. (Así como la prevención social llega sin la sanción penal, ambas son complementarias).
Así como mencioné que esta no es una solución mágica, también debo remarcar, que esta reforma, necesitara imprescindiblemente un esfuerzo CONJUNTO entre la nación y las provincias en materia de recursos, y de seguimiento para evaluar si descienden las tasas de los delitos. Una sociedad justa no es la que perdona todo, sino la que repara el dolor de quien cumplió con la ley y sufrió la violencia de los delincuentes”.





